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Antifrágil frente a la Crisis

Los vientos hacen que las velas se apaguen o se aviven. Cuando navegamos nos encontramos con brisas o torbellinos que refrescan, agitan, paralizan o destrozan la nave. El soplo del aire y nuestra fortaleza interior nos dan rumbo o nos hunden.
Sobrevivir en medio de agitadas corrientes de incertidumbre es el reto que hoy en día enfrentamos los emprendedores que creamos fuentes de trabajo y que diariamente nos jugamos la vida junto con nuestros colaboradores.
Juan Carlos mantuvo su inmobiliaria con éxito por más de treinta años; sin embargo, el mes pasado se vio obligado a adelgazar sus costos de nómina, liquidando conforme a la ley a la mitad de sus empleados. Ante la volatilidad, el desorden y el riesgo financiero, Juan Carlos tocó fondo. Dice: “Mis ventas fueron cayendo paulatinamente; tenía gente leal al grupo que trabajó conmigo por más de veinte años, y me vi obligado a despedirlos porque ya no podía sostener el gasto fijo de la nómina y del SUA”. Prosigue: “Es literal, mi negocio se derrite, los ladrillos se han hecho arena, nadie está comprando, mis deudas aumentan y tengo las obras detenidas como elefantes blancos; estamos ante una toma de decisiones no predictiva. La economía atraviesa un momento de fragilidad, cierto, se especula por las tasas de interés altas, pero no se abren suficientes posibilidades para crear nueva industria y por ende, empleos”.
Sonia, dueña de un taller que llegó a tener hasta cuarenta trabajadores, perdió todo, desde las máquinas de impresión, sellado, serigrafía, costura y equipo de grabado hasta el hermoso escritorio y la antigua silla que le evocaban aquellos tiempos dichosos con su padre.
Es evidente que hay que acabar con la corrupción (bandera que blande el actual Gobierno), pero también hay que tener cuidado de tomar decisiones sin visión, inteligencia o estrategia económica porque los capitales se retiran y las familias se quedan sin trabajo; la inversión productiva se desalienta y el país se atrofia sembrando hambre y pobreza por doquier.
¿Cómo terminar con la corrupción sin tomar malas decisiones en la economía? Las intenciones del gobierno federal son buenas, pero insuficientes. La tasa de desempleo desafortunadamente ha crecido. Según el INEGI el índice subió al 3.5 %, cifra superior al 3.3% registrado en el mismo período durante el 2018. Si seguimos cerrando las fuentes de trabajo aumentarán la pobreza y la inseguridad.
No soy economista, pero al mirar entre la neblina al cisne negro impredecible, al ver romperse el modelo lineal, al darme cuenta de cómo la crisis me pega a mí y a mis colegas, trato de descubrir salidas que comparto con ustedes porque hoy proliferan rupturas que tocan el corazón. Por supuesto, no me gustan las recetas, sólo comparto tips que me han servido en momentos verdaderamente aciagos a partir de una posición autocrítica.
Tragedia acarrea más tragedia. De nada nos sirve refugiarnos en el muro de las lamentaciones de la 4T. Por el contrario, hay que actuar con valentía, reconociendo la propia realidad; vivir con la fantasía de que todo pasará nos deja en una opacidad que aletarga nuestra energía. Hay que apretarse el cinturón y bajar los costos fijos.
Nos volveremos más endebles y frágiles en la medida en que veamos la causa de la situación fuera de nosotros mismos pensando que el caos es provocado por situaciones exógenas y que todo depende del gobierno; esto puede ser en parte verdad, pero nos enferma psicológicamente y nos impide dar soluciones fácticas y efectivas.
Una alternativa real es desarrollar lo que Nassim Nicholas llama el ser antifrágil que va más allá de modelos, robustos, rígidos y resilientes. La persona antifrágil enfrenta la volatilidad y lejos de apegarse a sistemas lineales, es creativo y busca nuevas oportunidades frente al caos. Es decir que después de tocar fondo, ¡y eso duele!, hay que buscar salidas creativas y nuevas formas de hacer negocio. Evocando la mitología griega, pienso en la Hidra de Lerna, esa serpiente acuática a la que, cuando le cercenan una cabeza, le brotan más y más, hasta llegar a miles. Es decir que se fortalece frente al peligro.
Ante la crisis, hay que regresar a nuestra esencia en donde lo menos es lo más, lo sencillo es lo valioso. Es decir, regresar a una forma austera de vida que nos permita valorar lo esencial y dejar de lado todo lo superfluo y artificial. Pero, contradictoria o simultáneamente, tampoco nos ayuda estar cerca de personas que todo el tiempo se quejan, pero que no actúan; que le echan la culpa a los demás, pero no se hacen responsables; que se quedan cómodamente en su casita sin mover un dedo ni tomar riesgos y eluden nuevas formas de prospectar, de buscar mercados, de actualizarse en redes.
Hace varios años tuve un fuerte accidente, estuve en terapia intensiva dos meses y casi un año en rehabilitación. En esa dura circunstancia, mis contadores me engañaron y, por falta de controles, me robaron altas sumas de dinero. Estuve rodeado de neblina tanto en cuanto persona como en cuanto a negocio; al final logré salir gracias al amor y la cercanía de mis hijos y amigos con mente positiva: ellos fueron un factor clave para salir adelante. Además, en ésta situación de conflicto, empecé a escribir para no estancarme en la sensación de frustración y empecé a encontrar nuevas formas de emprender negocios en lugar de hacerle a la llorona.
“Lo que no te mata te hace más fuerte”, dice el dicho. Hay que aprender las lecciones que nos da la vida. Hay que sacar fuerza del estrés para salir adelante. Paradójicamente el desorden nos puede ayudar a mejorar nuestra energía y a estimular nuestra creatividad.
Juan Carlos, Sonia: ante el cambio de reglas hay que crear nuevos productos y oportunidades de negocio. Tenemos ejemplos de países que se han levantado después de las guerras y de empresas que crearon nuevos conceptos de negocios como Starbucks y Cinemex, entre tantos otros que tampoco se hundieron.

Jorge Andere Martínez

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