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¿Qué estamos haciendo de nuestro planeta?
Gea la madre tierra

Artículo escrito por Jorge Andere Martínez

Hace días, dando una conferencia en Madrid, cuando hablábamos sobre el tema de la negociación y el énfasis en la importancia de negociar con base en necesidades y no en posiciones, exponía una categorización de dichas necesidades en cuanto a su importancia: organizacionales, de la unidad de trabajo, personales, familiares y otras… pero con cierto coraje y razón, Tere Hernández Martin, una participante, me cuestionó fuertemente:

“¿Por qué no mencionas la necesidad del planeta, antes que las organizacionales, antes que las de rentabilidad del negocio?”

Este cuestionamiento enfrió mi énfasis en las necesidades esenciales, pero con una visión reducida. Esa omisión me hizo sentir, con Tere, que hoy por hoy la responsabilidad de considerar con importancia prioritaria la necesidad urgente de cuidar de nuestro planeta.

En la práctica, más que en la teoría, solamente nos preocupamos por la rentabilidad del negocio y acabamos con fuentes del trabajo dejando al garete, ayudados de la robótica inteligente y necesaria- al factor humano.

¿Cuál es realmente el progreso que enriquece la vida y al ser humano?

Cuando me pidieron que escribiera acerca del tema: “Responsabilidad Social”, inmediatamente me derivé mi pensamiento a la ecología: el riesgo en el que está nuestro planeta; deliberadamente estamos secando las áreas verdes, estrangulando las cascadas, convirtiendo los ríos en lodazales químicos, rompiendo los arrecifes… en fin, destruimos el hábitat en que vivimos todos: humanos, animales y vegetales.  Gran cantidad de especies están en vías de extinción, los alimentos nos llegan con radiación y vivimos la amenaza de guerras químicas y biológicas; los mares son tomados como basureros en que se realizan, una tras otra, pruebas nucleares; peligros de radiación por todos lados. Tranquilamente podemos comer un pescado contaminado del Pacífico o de Atlántico, sin darnos cuenta.

Las empresas y los parques industriales siguen avanzando y siguen creciendo haciendo caso omiso del cuidado que necesita nuestro planeta, Gea, la madre tierra.

La historia misma se ha encargado de hacernos ver lo irresponsable de nuestras decisiones en cuestión de ecología.

Chernobyl, mantenida en una actividad deplorable por intereses económicos; Hiroshima, fuego radiactivo de una guerra; Fukushima, construida a sabiendas de que un Tsunami lo destruiría todo. El Ártico y la Antártida se derriten por el calentamiento global, desaparecen los glaciares, el mar se convierte en basurero, los manglares son destruidos, se fabrican islas de plástico, los bosques se talan irracionalmente, las fábricas y las ciudades arrojan sus heces en los ríos, en las lagunas, en las presas, en el mar… Todo por el progreso.

¡Cuidado, que no todo progreso es crecimiento!

Si las empresas no ponen atención al cuidado de la naturaleza y de la vida, ¿Cuál es el sentido de su existencia?

¡Alarmante La decisión del Presidente del país más poderoso del mundo de suprimir la ayuda destinada al cuidado de nuestro planeta!

Mientras en el centro de toda organización se coloquen la rentabilidad y el dinero como los únicos factores importantes (por necesarios que sean), corremos el riesgo serio de cometer muchos errores que destruyan no sólo al hombre sino la vida misma. ¿Qué sentido tendrá el progreso si no habrá gente ni mundo para disfrutarlo?

Las reflexiones anteriores sugieren el imperativo de no sólo trabajar en las empresas industriales y comerciales, sino de ir a las escuelas, a trabajar a profundidad con las familias en la creación de la conciencia por el planeta, del amor por la Madre Tierra.

¿Qué estamos haciendo con nuestro planeta? Hay muchos daños que ya son irreversibles o reversibles a larguísimo plazo, por ejemplo, la reforestación, la limpieza de los sistemas acuáticos, la regeneración de las especies, la recuperación de la capa de ozono, el frenado del calentamiento climático, son procesos que llevan mucho tiempo. Basta ver lo que tardaron los bosques brasileños, por ejemplo, en evolucionar a lo que son hoy, para medir lo que se puede tardar en reponerlos, aunque su destrucción se mida en hectáreas por día… Y lo mismo decimos de las especies animales y aún de los elementos no vivos, ¿Qué imaginamos que al final tendremos que emigrar de nuestra tierra- como lo hemos visto en algunas películas- en las que dramáticamente se coloca a nuestro planeta como un montón de chatarra y cascajo de desecho?

Me llama mucho la atención, cuando transito por cualquier ciudad, sólo ver la construcción voraz de más centros comerciales y la desaparición de árboles y parques. Día con día es mayor la irracionalidad con que se activan más la producción, el dinero y el consumismo a rajatabla en aras del endeudamiento y el consecuente detrimento de la calidad de vida.

Y ante la confrontación muy sencilla y angustiada de una joven, volví la vista al decrecimiento que puede traer el progreso, creo que en todos mis programas de desarrollo, en todo el trabajo que realice, siempre será un tema prioritario el cuidado de nuestro planeta, y desafortunadamente si observamos en la axiología de las organizaciones, rara vez vemos este factor como un valor. Invito a todos los que influyen en el desarrollo de las Organizaciones –los líderes de las mismas, consultores, asesores, instructores…- a que hagan lo mismo.

Y no sólo se trata de sacar aspirinas, ante el problema de la responsabilidad social y ecológica. Si puedo ser capaz de levantar una gran fábrica que contamina, que afecta sensiblemente el hábitat, el entorno, al mismo tiempo deberé ser capaz no sólo de compensar y recuperar, sino de superar las consecuencias negativas que genera esta destrucción, o bien, evitarlas desde la planeación.

Hasta aquí, a partir de las palabras de Tere, quedan esbozadas referencias a un pilar central del desarrollo sustentable, que es la ecología.

Otro pilar, estrechamente relacionado con el aspecto ecológico es el factor social. La responsabilidad social empieza en el enlace con una toma de conciencia de la importancia que tiene el cuidado de nuestra naturaleza, el cuidado de nuestro medio ambiente.

Es verdaderamente imposible la sustentabilidad a nivel planetario cuando en cada rincón nos encontramos  con hambrunas indescriptibles, genocidios con armas químicas, asesinatos indiscriminados de niños y adultos, de civiles y militares, la impiedad ante la migración, etc…

Estoy investigando sobre el decrecimiento y ahora especialmente sobre los jóvenes llamados “Milenials”; acepto su crítica franca y abierta que me cuestiona, que me “mueve el tapete”, como suele decirse. En esta vida estoy para aprender y si tengo yo la oportunidad de comentar, escribir o hablar con mis grupos, uno de mis temas prioritarios tendrá que ser el cuidado de nuestro planeta y la convivencia global de toda la humanidad, que, al fin y al cabo, vamos en el mismo barco.

No significa solo una responsabilidad societaria,  sino un compromiso que las empresas deben de asumir dentro de sus objetivos y de los que la humanidad les pedirá cuentas. Es simple el planteamiento: dar resultados de acuerdo con la misión y la visión de las Instituciones, pero incluyendo el respeto al ser humano y al gran hogar en que vivimos todos, el medio ambiente en el que nos desarrollamos.

En realidad el tema de la responsabilidad social apunta, desafortunadamente, hacia la ausencia de conciencia que acompaña nuestra vida desde que nacemos. Es rarísimo que en la familia se desarrolle esta necesidad de tener presente la vida del planeta y cuidarlo.

La conciencia nos debiera llevar a considerar que no existe un desarrollo verdadero si éste no es sustentable y para que lo sea se requiere de conciencia crítica y responsabilidad.

Todos al final tendremos que irnos y el punto es ¿Cómo dejamos nuestro hábitat? ¿Qué les dejamos a nuestros nietos, a nuestros hijos? ¿Qué aire, qué agua? ¿En qué condiciones dejamos la cadena alimenticia?

La responsabilidad social, íntimamente enlazada con la responsabilidad ecológica, empieza con una toma de conciencia de la importancia que tiene el cuidado de nuestra naturaleza, el cuidado de nuestro medio ambiente.

El desarrollo sustentable implica considerar tres aspectos esenciales, el cuidado ecológico, el aspecto social y por último la atención a los recursos. Me explico:

Los recursos son, ni más ni menos, el tercer pilar de la Sustentabilidad. No hablamos contra la riqueza, ni contra la producción, sino contra la irracionalidad de su distribución y su exclusividad que desplaza los intereses sociales y ecológicos, como ocurre en muchas ocasiones.

El cuidado ecológico es incompatible con muros y planchas de cemento que talan inmisericordemente las zonas boscosas, con tal de llenar las arcas de onzas de oro; no se puede acabar con la flora y la fauna en aras “del progreso “estamos contaminando lo que comemos, lo que bebemos, lo que respiramos… con tal de que los bolsillos de la gente respondan con más prontitud a los engaños de la publicidad, utilizando los valores más humanos como el amor, la ternura, la autoestima… para vender más pañales o coches más caros y más contaminantes.

En realidad, con o sin intención, lo que estamos haciendo es crear un basurero global, para luego ¿Irnos a otra galaxia? ¿Ir a llevar nuestra contaminación y nuestras reyertas a otros mundos?

Resumiendo:

Todas las acciones encaminadas a crear responsabilidad en el cuidado del medio ambiente ayudan desde la educación, -actos simples de separar la basura, de cerrar el grifo del agua cuando no se usa, crear una composta- y actos de mayor envergadura –instalación de paneles solares o de hélices eólicas…

El esfuerzo por defender áreas verdes, desde los detalles pequeños de una calle hasta la construcción de un tremendo aeropuerto que no cuida la naturaleza, es trabajo de los políticos, quienes son los que toman las decisiones de urbanización de nuestra casa.

Con relación al segundo factor, la responsabilidad social, tiene que ver directamente con la gente; al levantar una fábrica cerca de un pueblo o un centro turístico se debe tomar  en cuenta el entorno, la cultura, los valores, los principios de la población, su  historia, sus valores y costumbres, su seguridad… e integrar a la población a las fuentes de trabajo, sí, pero también al desarrollo social –escuela, guardería, servicio médico, sistemas de seguridad, facilidades higiénicas… todo lo que se conoce como prestaciones sociales… no bastan estrategias de marketing que desprecian o descuentan los valores y las costumbres de una comunidad. Cualquier producto que se fabrique debe de someterse al principio ético del bien social por encima del dinero.

Por último el tema delicado de los recursos, sin ellos no podríamos hacer los cambios que se requieren, sin embargo tiene que pensarse seriamente en aquellos recursos que son renovables versus aquellos que dañan y van acabando con la vida de nuestro planeta.

Petróleo versus energía solar, construcción de edificios y segundos pisos versus campo verde, árboles, alternativas de transporte no contaminante, como la bicicleta o los autos eléctricos, moles de cemento y acero versus manglares, vegetación, aves.

Es importante que los recursos naturales, materiales y económicos estén al servicio de la vida y no la vida al servicio de intereses egoístas, mezquinos y transitorios. Un desarrollo que no es sustentable es una mirada miope sobre la comunidad humana y el futuro.

Jorge Andere Martínez

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