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Líderes verdaderos

Hay personas obsesionadas por el liderazgo. “¡Tengo que llegar a ser el líder!” y lo que es peor, “¡Es mi deber enseñarles a los demás cómo ser líderes!”
Y así, podemos encontrar y referirnos a muchos modelos, libros, conferencias, estudios sobre el liderazgo, y listas de competencias que debe poseer un líder: visión, energía, habilidad para facilitar procesos, carisma… y todas las que usted quiera añadir.
Sin embargo, la esencia de un líder tiene una relación fundamental con lo que el rey le respondió al principito, cuando éste le dijo que no había nadie a quien juzgar en su planeta: “Te juzgarás entonces a ti mismo -le respondió el rey- es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar al prójimo. Si logras juzgarte correctamente, es que eres un verdadero sabio” (Antoine de Saint Exupery).
Me pregunto ¿A quién he seguido? ¿Quién me entusiasmaría para unirme a su causa? Y me doy cuenta con los años de que lo esencial de un líder tiene relación con la humildad y con el trabajo interno de aquél que sabe vivir consigo mismo.
Recuerdo a un compañero de trabajo que un día anunció “he logrado ser el líder”… pero otro colega, caracterizado por su franqueza y su sentido de la ironía, le respondió: “serás líder de ti mismo, no veo a nadie más que te siga”. El liderazgo no es un objetivo que se alcance; fluye como el río, como la cascada, en forma genuina y natural porque el líder vence el ego y va por algo superior y es por eso que puede contactar en forma genuina con los demás.
El escritor griego Nikos Kazantzakis, en su novela “El pobre de Asís” destaca un pasaje que me impacta en las dos raíces de un líder:
El pobre de Asís le dice al hermano León, vamos a predicar… y salieron con humidad y sencillez a contactar con la gente, visitar aldeas, saludar a la gente, platicar con el pueblo, cuidar las plantas, el agua, los animales y convivían y compartían el alimento con los demás. Pasaron por varias aldeas y el hermano León -parecido al Sancho del Quijote- un día le preguntó a Francisco y ¿cuándo vamos a predicar? a lo que él respondió: hermano León, ya predicamos.
A veces, en un grupo, ni se nota quien es el líder porque su solo contacto genera fuerza y mística en el mismo equipo, sin presunciones, en forma callada y con un ejemplo que arrastra. Él, predica con los hechos. Sin lucimiento del yo crea un nosotros, como San Francisco con el hermano León.
Hay quienes dicen: “¿Para qué queremos líderes?” No es necesario el título; alguien que coordine esfuerzos y proporcione valores comunitarios tomando como criterio su propia experiencia interior, su propio juicio, ya es un líder.
Es cuestión de disciplina -decía el principito-. Hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse a arrancar los baobabs, cuando apenas se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son pequeñitos.
Los baobabs del principito simbolizan el poder externo, que en personas sin conquista interior generan el caos, la corrupción y el abuso, como lo hemos vivido en muchos “líderes mundiales” que destruyen hoy a sus pueblos.
Cuando alguien es elegido como líder, es decir, alguien de quien se esperan propuesta de valores grupales y criterios de orden social, corre el peligro de rodearse de símbolos y estructuras que le hagan más visible que los demás, que les diga a los demás “¡Yo soy el que mando, yo soy un baobab!”. Hablamos de la ebriedad del poder, que se refuerza recíprocamente con el ego.
No me gusta la palabra autocontrol porque puede relacionarse con represión pero la podemos sustituir con: conciencia de sí mismo, trabajo espiritual y crecimiento integral. Que significa menos apegos y vicios, se trata de libertad y de no ser esclavos del ego, del dinero, del autoritarismo etc… y de acuerdo con estas cualidades, el líder practica lo que propone y cumple lo que promete. Esa humildad fundamental será la que genere seguimiento y después jale y entusiasme a su grupo de seguidores.
Antes que buscar guiar a otros hay que conquistar terrenos internos…” Un ciego no puede guiar a otro ciego”
Cuidado con el Neoliberalismo sin ética que pretende manipular la naturaleza, los cuerpos, las mentes de los seres humanos sin considerar el bien común, lo social. La velocidad y competitividad del mercado sin el axioma social nos hace caer en un consumismo avorazado en que las prácticas monopólicas dejan fuera el crecimiento, el bienestar y desarrollo de las mayorías. Por este entorno tan difícil se requieren líderes que hayan trabajado internamente con el valor de la vida, la naturaleza y el bienestar común sin la pérdida de identidad y autonomía.
Para gobernar a otros, para dirigir una empresa se requiere gobernarse a sí mismo antes, durante y después del poder externo, formal, hecho de medallas, títulos, reconocimientos y jerarquías.
El verdadero líder está en contacto con su realidad, con su pueblo, convive, se da cuenta, es humilde y no sobresale por sus discursos… sin proponérselo destaca por su ejemplo, por los hechos como lo podemos observar en Gandhi, Mandela, La Madre Teresa, De Gaulle, Bolívar, Golda Meir, Mujica, y otros.
Ellos han sabido leer a su pueblo, los tiempos y armonizar con ellos y saben juzgarse a sí mismos, tienen autocrítica para reconocer sus claroscuros de la vida y poder decir con pleno derecho ante sus seguidores “La humildad es la verdad”.

Jorge Andere Martínez

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